Mostrando entradas con la etiqueta Sociedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sociedad. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de mayo de 2012

5 de mayo





Esta mañana, como candidato del PRI a diputado federal por el primer distrito, me reuní con integrantes de la Sociedad Civil y Amigos de la Música.

lunes, 28 de noviembre de 2011

La causa de las mujeres

Las cabezas de los diferentes diarios de la entidad coincidieron, lo que no es común, al referirse a la violencia de que son objeto las mujeres y como el fenómeno ha venido en aumento. Sobre ese problema social, cultural y político, hay desde luego varias percepciones. Lo importante es que hasta los grupos conservadores se han sumado a las causas de las mujeres, aunque no en todas sus vertientes.

Por ejemplo, en relación al derecho de las mujeres para decidir sobre su cuerpo, la andanada de presiones para que se modificaran las constituciones estatales a contracorriente de los posicionamientos mundiales sobre  ese particular, las mujeres de los grupos de la derecha, y también sus hombres tienen criterios que más bien son atentatorios de las causas de las mujeres. 

No obstante, en lo que se refiere a la violencia en general, todos parecen coincidir. Hasta las autoridades que son cuestionadas  declaran que respaldarán esas causas, aunque en la práctica no siempre  haya coherencia, como es el caso  con las investigaciones de los feminicidios.

Y hay además  un problema  cultural muy arraigado en hombres y mujeres. A mí, por ejemplo, me sucedió que presenciando un pleito marital en la calle, en el que el hombre estaba golpeando a su pareja en una forma tal que  me impulsó a interponerme  para evitar la reyerta, fui atajado por  la mujer  que  me pidió que no me metiera; no es la primera anécdota que en estos términos he conocido,   pero importa sólo para subrayar que  el problema tiene muchas aristas que deben atenderse. Estimo que la celebraciones o las fechas   que aluden a problemas específicos -día de no fumar, día de la no violencia, día de los árboles, etc-   son útiles para crear conciencia, pero que deberían acompañarse en cada caso, y más en este, de un listado de acciones concretas, de medidas de escarmiento para que no se queden en la mera declaración y la solidaridad de todos en contra del fenómeno. Por cierto, la violencia  encuentra causas muy diversas, es cada vez más sangrienta, y ese talante va influyendo para que la que se ejerce en contra de las mujeres sea también más exacerbada. Y no me refiero sólo a la violencia física, sino a las muchas otras expresiones en que se hace palpable la agresividad en contra de las féminas. Como quiera que sea, el que partidos, diarios y sociedad en general hayan resaltado la violencia  de que  son objeto las mujeres es una buena señal.  Por demás está señalar que el alcoholismo, la pobreza, la falta de empleo, la pérdida del salario, la imposibilidad de que los niños vayan a la escuela, y todo lo que enmarca la parte subdesarrollada de nuestra sociedad, también determina y afecta a la violencia general y a la específica en contra de las mujeres. Y es en todos esos ámbitos que se debe de actuar.

lunes, 31 de octubre de 2011

Terapia Intensiva

Hay un segmento en el noticiero de televisión del canal 2 que no  tiene nada de chistoso, pero que pretende serlo: terapia intensiva.

Ni es intenso ni es terapia.  Pero el título me sirve de pretexto para estas líneas. Recién apareció un libro que sintetiza de manera por demás clara en qué consiste la participación ciudadana. El autor, Ulrich Richter Morales, toca diversos aspectos del momento político que vivimos.  En una de sus partes nos dice que el país se encuentra en terapia intensiva, y que el cuerpo médico que lo debe atender se encuentra discutiendo al lado del quirófano, mientras el enfermo- México- se está desangrando; los enfermeros somos los ciudadanos que les gritamos a los doctores el grado de peligro del enfermo, pero los médicos no parecen responder. Los ciudadanos, en efecto, en algunos lugares gritamos, apelamos a los doctores, pero éstos siguen discutiendo. Por eso necesitamos algo más que gritar: una cultura cívica que involucre a todos los sectores en una acción que bien podría denominarse cruzada cívica de la ciudadanía.  Ulrich dice que la formación de ciudadanía es muy simple: actuar, participar, exigir a los funcionarios públicos rendir cuentas, asociarnos, formar grupos u organizaciones ciudadanas, denunciar las arbitrariedades e ilegalidades, etcétera. Esa cruzada empieza desde la forma en que nos saludamos, que es una forma de  reconocer la existencia del otro; pasa por las palabras, que  deberían tener un sentido constructivo, por el respeto a las reglas de tránsito, por el respeto a  las reglas ambientales- no tirar basura, por ejemplo.  Algo de ello ya ocurre, e incluso podría decirse que es parte de nuestra idiosincrasia, pero no es suficiente. Hace falta implantar la materia de ciudadanía en los planes de estudio, materia que  es distinta  del civismo.

Esa materia debe enseñar el concepto de ciudadano, sus derechos y obligaciones, el origen del poder político, el significado del estado de derecho, la cultura de la legalidad, entre otros aspectos. Conociendo todos esos aspectos podremos renunciar a la imposición partidista en aspectos fundamentales que debían ser objeto de acuerdos entre las diferentes fuerzas políticas. Todos los partidos tienen un programa de máximos, pero ninguno puede pretender imponer esos máximos a los demás.  El secreto de la convivencia está en la renuncia a nuestras exigencias máximas, hasta hacer nuestros programas compatibles dentro de un marco de respeto a las discrepancias. Si la ciudadanía informada y organizada se expresa, habrá adquirido un poder tan o más importante que el poder político, el ideológico o el económico, y entonces sí podrá ser un contrapeso a todos ellos. Nuestro enfermo país podrá entonces salir de la sala de terapia intensiva en la que se encuentra.  Las herramientas del poder ciudadano van, pues, desde la educación en familia hasta el conocimiento de las reglas del poder y sus significados. Es una especie de viaje de lo privado a lo público que se da a partir de lo que hace el ciudadano. Como en un viaje, la ciudadanía requiere movimiento. Un ciudadano adormilado debe despertar para ejercer sus derechos, para participar real y constructivamente en la transformación de la sociedad. Partidos, ciudadanos, gobiernos y representantes. Todos caben en un jarrito sabiéndolos acomodar, pero hay que tener la intención de hacerlo para salvar al paciente de la terapia. No nos tardemos, porque se nos puede quedar en la plancha. La reforma política recién aprobada, que fue cuestionada por no incluir la reelección inmediata o la revocación de mandato, fue un avance, pero no es suficiente. Ahora hay que avanzar rápido, para evitar que se pasme en la parte reglamentaria de las candidaturas independientes, que algo habrán de servir para fortalecer el poder ciudadano.

lunes, 24 de octubre de 2011

Gobernabilidad

Mucho se ha dicho sobre la inoperancia de los Congresos, tanto el federal como el del estado. A nivel  de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, ningún partido por sí solo tiene mayoría absoluta; es decir, la mitad más uno.

A nivel local, hay una mayoría absoluta (16 de 30) de la bancada del PRI con el diputado panista que se pasó a las filas del partido tricolor; sin embargo, como la ley orgánica establece que prácticamente todo debe aprobarse por 20 diputados, esa mayoría absoluta se vuelve relativa. Al no haber pues mayorías absolutas en sentido estricto, se dice que el procesamiento de las iniciativas de ley,  si no imposible, se hace  muy difícil. Hay que decir que, a pesar de esa circunstancia, en ambas cámaras se han aprobado las cuestiones esenciales, e incluso se han emitido más decretos que en otras legislaturas; lo que quiere decir que “hablando se entiende la gente”, y que el diálogo finalmente es el que resuelve muchas cosas. 

Pero la inoperancia a la que se alude al principio es porque ciertos temas se han estancado, entre ellos y principalmente: la reforma laboral, la reforma fiscal, la reforma energética, la reforma de seguridad nacional. Y ello ha conducido a que la discusión se centre en torno a la necesidad que el Ejecutivo tenga con la bancada de su partido la mayoría necesaria para que sus iniciativas prosperen. Si somos rigurosos, en realidad no han prosperado porque en la sociedad no hay consenso sobre esos temas. Si afuera del Congreso hubiera consenso, éste no tendría más que procesar en el sentido consensuado los temas que hoy son motivo de discusión.  Pero hay que echarle la culpa a alguien.  Por ejemplo, las televisoras cuestionan permanentemente al Congreso, dolidas por la reforma del 2007 que afectaron sus intereses. 

Volvamos al tema de las mayorías absolutas y cómo lograrlas cuando no se consiguen en la elección misma. Hay varias fórmulas: una es la llamada segunda vuelta, que propiciaría que si no se logra en la primera la mayoría necesaria, al sólo dejar para la segunda vuelta a dos partidos, ésta se consigue; otra es la de la cláusula de sobrerrepresentación: si un partido obtiene 42 % de la votación, pero tiene menos de 251 diputados, en automático  se le conceden los faltantes para que logre la mayoría absoluta; en el caso local, la fórmula es distinta, pero tiene el mismo sentido. Otra fórmula es la adopción de coaliciones legislativas, y no sólo electorales, que permitan impulsar una agenda de común acuerdo entre bancadas diferentes; fórmula que, sin embargo, supone un cambio de régimen político, que merece una explicación más amplia. Otra fórmula que no supone cambiar de régimen y que haría más fácil que se consiguiese la mayoría de la mitad más uno es la de reducir en 100 diputados plurinominales la integración de la Cámara de Diputados federal.

Así, con 201 de 400, se tendría mayoría más fácilmente, no en automático, porque igual el votante fracciona tanto las simpatías que aun así nadie pudiera tener ese número de curules. Esa  última propuesta la hizo Enrique Peña Nieto en el último foro que se celebró en Querétaro, organizado por la Fundación Colosio Nacional. También la han expresado otras personas y agrupaciones. Por ahí pudiera ser el camino, que además tendría la ventaja de reducir costo de operación de la representación popular. En el caso local, una primera medida sería quitar el candado de que todo se apruebe por 20 de 30, es decir, mayoría calificada, y darle su verdadero sentido a la mayoría absoluta. El debate está abierto.